
Entre horarios, pendientes, actividades y rutinas que parecen no tener fin, hay una versión de ella que no desaparece… solo espera su momento; porque debajo de la prisa, del cansancio y de la responsabilidad, sigue latiendo esa mujer que alguna vez no tenía prisa por llegar a casa… sino por quedarse.
Y es que la maternidad no elimina el fuego, más bien lo vuelve más interesante.
Ahora el deseo no es impulsivo, es estratégico; no es constante, pero es más intenso. Ya no se trata de cualquier momento… sino del momento correcto, de vivir se instante en el que el mundo se apaga: los hijos duermen, el celular se silencia, y la noche se convierte en el cómplice perfecto una vez más.
Miradas largas, manos que ya se conocen y ganas que llevan días acumulándose… porque cuando hay menos tiempo, hay más intención., y ahí todo se vuelve más profundo, más lento, más candente.
Ser mamá también significa saber exactamente lo que quieres.
Un vino servido sin prisa.
Una conversación que sube de tono.
Una caricia que no tiene interrupciones.
Y de pronto, la noche deja de ser rutina… y se convierte en escape.
Porque el deseo no desaparece cuando llegan los hijos, se vuelve clandestino: más selectivo y mucho más adictivo.
Y cuando finalmente encuentra su espacio…no pide permiso, exige más.
Consiente a mamá en un lugar que sólo ella merece, los esperamos en TÛR Motel.
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